El Castillo del Tiempo – Capítulo 2 – Algo sorprendente

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A la mañana siguiente, aunque Pedro estaba harto de la situación laboral, pensó en hacer otra ronda de unos días entregando currículums de nuevo por mas empresas en donde aún no había echado, incluso yendo a otras ciudades, pero no había fortuna, y volvió a desanimarse cada vez mas, pensando en que en su país, no iba a encontrar nada, así que como los demás días, volvía a su casa por el mismo camino donde lo hacía siempre. El sitio donde siempre caminaba para volver a casa, como ya se sabe, era un camino de tierra estrecho, donde tenía también varias intersecciones, y siguiendo recto era como se llegaba al destino. Ese día, Pedro no hizo el mismo recorrido, sino que en vez de seguir hacia adelante en la primera intersección, se fue hacia el camino de la derecha, porque nunca había ido por ahí, y al fin y al cabo, no tenía prisa en volver tampoco.

Al mirar al frente, a lo lejos había divisado un castillo naranja que no había visto nunca. Estaba lejos, tenía que caminar por lo menos diez minutos para llegar a él. Se sorprendió el haberlo visto allí porque aunque el camino por donde estaba caminando no había pasado nunca, la zona donde estaba dicho castillo si la conocía, y había pasado varias veces por aquel sitio, pero nunca lo había visto, ya que era una zona con un parque, y ahora ese parque ya no estaba.

Comenzó a caminar hacia él y al cabo de unos diez minutos, llegó, y se preguntó quién podría vivir allí, en ese castillo que de un día para otro, había aparecido en ese lugar. Por eso se acercó a la puerta, una gran puerta grande, y posteriormente, tocó en la puerta con tres golpes con la mano.

Pedro esperó unos segundos, pero nadie le abría la puerta. Volvió a probar suerte dando otro toque igual, pero pasaba lo mismo, era como si no hubiese nadie dentro. Se decidió a probar a pulsar el manillar de la puerta, y comprobó que estaba abierta. La fue abriendo lentamente mientras sonaba un chirrido mediano.

Al entrar en el castillo, vió que no había prácticamente nada, solo una mesa en el centro y lo demás, eran solo las paredes. En cuanto observó aquello, dió dos pasos lentamente hacia adelante y justo sonó un estruendo detrás, y era que la puerta se había cerrado con brusquedad dando un portazo sola. En ese momento Pedro se asustó, pero pensaba que había sido el viento el que la había cerrado, y continuó posteriormente, mirando hacia lo que había dentro, para volver a caminar poco a poco mas hacia donde estaba aquella mesa, una mesa de madera algo grande. A la derecha habían unas escaleras que subían al segundo piso, en forma de caracol, por lo que no se podía ver el piso de arriba, y a la mitad de esas escaleras había una puerta de vallas con un cartel que decía: “Entrar solo si es estrictamente necesario”.

Eso sorprendía aún mas a Pedro, que no sabía a lo que se refería eso, por lo que decidió subir poco a poco las escaleras, hasta llegar justo delante de esa puerta. Con mucho cuidado, la abrió con el manillar que tenía, y continuó subiendo el resto de escaleras en forma circular que lo llevaban hacia el piso de arriba. En cuanto llegó, vio una habitación inmensa, con sofá, otra mesa, unos muebles, cuadros en la pared y un gran televisor, con el mando a distancia sobre esa mesa.

Pedro decidió seguir caminando hacia adelante y mirar todas esas cosas y seguir viendo a ver si encontraba mas. -¿De quién será todo esto?- Se preguntaba en voz alta.

Al lado del mando a distancia, había un papel doblado varias veces, el cual Pedro desdobló para ver que había en él. Al abrirlo, vió que tenía un mensaje que decía: “No encender la televisión a no ser que sea estrictamente necesario”. Ese mensaje ya lo dejaba sorprendido totalmente, pero Pedro después de unos segundos, se dirigió al botón de la televisión, y la encendió, sumido en la curiosidad de por qué decía aquello aquel papel. Lo que salía en la pantalla, solo era una imagen de interferencias, muchas rayas moviéndose, por lo que él siguió mirando toda la habitación grande a ver que mas cosas encontraba, dejando el televisor encendido. Cuando se estaba dirigiendo hacia los muebles para abrirlos a ver que había en ellos, del televisor sonó una alarma durante veinte segundos, algo que hizo que Pedro se detuviera y mirara hacia él, donde seguía viendo las interferencias en la pantalla. Justo cuando terminó de sonar la alarma, sonó la voz de una mujer diciendo: “Está usted en 1950”, al mismo tiempo que se quitaban las interferencias y aparecía el número 1950 en la pantalla. Pedro no sabía que significaba eso, pero empezaba a parecerle todo raro. Al cabo de 20 segundos, la televisión se apagó sola, y ya en ese momento, Pedro, nervioso, bajó las escaleras caminando rápido para salir de ese castillo. En las escaleras que bajaban hacia el piso de abajo, encontró la puerta de vallas cerrada de nuevo, para volverla a abrir y seguir bajándolas.

Al volver al piso de abajo abrió la puerta del castillo y salió también rápidamente, y quería hablar con Guillermo, para contarle sobre ese castillo que había aparecido ahí y las cosas que sucedían dentro.

A medida que se iba dirigiendo al establecimiento de Guillermo, veía como faltaban casas por construir. No estaban todas las que había visto antes de meterse en el castillo, y en donde estaban antes, solo habían terrenos de tierra, y las pocas carreteras y la autovía que también había antes, eran caminos de tierra.

Pero ya lo que dejó atónito totalmente a Pedro, era que, volviendo a “La Cereza”, vió que ese local, tenía otro nombre, “El asiento” y era una ferretería. Sorprendido, entró a la tienda y vió a otro hombre que no era Guillermo, al que le preguntó algo desesperado: -Hola, ¿sabe donde está Guillermo?-

-Lo siento, creo que se ha equivocado, aquí no hay nadie que se llame Guillermo- Le respondió el hombre.

-Sí, él siempre ha trabajado aquí, y me sorprende que éste local se llame “El asiento”, y hace un rato “La cereza”, y era una frutería, ¡¿qué está pasando aquí?! – Se ponía mas nervioso Pedro.

-Oye, disculpe, ¿está de broma?, yo siempre he trabajado aquí, no sé de qué me está hablando.

Pedro no sabía que hacer y solo dijo: -Déjelo- y se fué rápidamente a su casa, pero al llegar al edificio donde él vivía, lo iba a seguir dejando a cuadros, porque el edificio ya no era de color amarillo, sino que era verde.  Al ver eso fue directamente al segundo piso, a ver a Tobías, donde tocó en la puerta desesperado. Le abrió la puerta un hombre que tampoco conocía, y le dijo: -¿Sí?

Pedro pensó en ese momento que se estaba volviendo loco y solo preguntó:             -¿Tobías…?

-No, no soy yo” – le respondió aquel hombre.

-¿Le conoce?” – volvió a preguntarle asustado Pedro.

-No, no sé quién es, lo siento.

Pedro, sin decir nada mas, bajó corriendo las escaleras y volvió a la calle, para dirigirse a un puesto de venta de periódicos. Las tiendas que veía, no eran tampoco las mismas que siempre había visto y allí, y al entrar en esa tienda, se fijó en uno de los periódicos que estaban para mostrarse, que tenían la fecha de 6 de octubre de 1950.

-¿Va a comprarlo? – Le dijo el de la tienda a Pedro cuando vió que lo miraba.

Pedro desesperado dijo: -No, éste país se está volviendo loco- y salió rápidamente de la tienda.

Intentó llamar desde su móvil a sus padres en Chile, pero veía que el móvil no podía hacer llamadas a ningún sitio, no había nada de cobertura.

En ese momento solo pensó en ir de nuevo al castillo, a ver que podía ver allí, a ver si en los muebles donde al final no pudo ver nada, podía encontrar información que hiciera que se enterara de lo que estaba pasando, por eso fué rápidamente hacia él.

 

(continúa en el capítulo 3)





El Castillo del Tiempo
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Borthen Inv

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