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El Castillo del Tiempo – Capítulo 3 – Información insuficiente

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Pedro llegó corriendo de nuevo al castillo y al entrar en él, corrió directamente hacia el segundo piso, donde la puerta vallada, que había dejado abierta al salir la última vez, estaba de nuevo cerrada, y que la tuvo que abrir otra vez. Al llegar arriba, siguió corriendo hacia los muebles que antes no pudo intentar abrir, pero al llegar e intentar abrirlos, vió que estaban cerrados con llave. Intentó abrirlos así durante un segundo, pero no era posible. Pedro se quedó mirando para todos los rincones de la habitación girando sobre él mismo, hasta que se dió cuenta de que debajo del sofá, sobresalía algo de otro papel doblado varias veces. Entonces fue rápidamente hacia él y lo cogió para desdoblarlo para ver que decía.

Cuando lo abrió, tenía el siguiente mensaje: “No salgas del segundo piso a no ser que sea estrictamente necesario”. Pedro se puso mas nervioso aún y ya no sabía lo que hacer, por lo que siguió investigando en ese piso a ver si encontraba algo mas que le hiciese entender esa situación o si encontraba alguna llave para abrir ese mueble.

Durante unos minutos buscando, no encontraba nada, incluso mirando debajo del sofá, y no encontró absolutamente nada debajo, por lo que ya decidió salir del piso y mirar en el de abajo.

Al volver a bajar las escaleras desde el segundo piso hacia el primero, volvió a encontrar la puerta vallada cerrada, la cual había vuelto a dejar abierta anteriormente otra vez al subir, pero ésta vez, vió un cartel hacia el lado de donde él bajaba, donde tenía un mensaje que decía: “No volver hacia el segundo piso, a no ser que sea estrictamente necesario”. Pedro abrió la puerta y siguió bajando y buscó mas cosas en el piso de abajo, pero tampoco había nada, solo la mesa que siempre había visto ahí. Intentó salir del castillo, pero para sorpresa de él, vió que la puerta estaba cerrada con llave, y no podía abrirla. Eso lo puso muy nervioso, intentando varios segundos abrirla. Las ventanas que tenía el castillo estaban lo suficientemente altas como para salir por ellas, entonces gritó desesperado: – ¡¡¡¡¿¿¿¿Hay alguien aquí??????!!!!

Al no responderle nadie, volvió a subir las escaleras, y ya le parecía muy raro que la puerta que de nuevo había dejado abierta, volviese a estar cerrada, y al abrirla, subió rápidamente otra vez al piso de arriba y ésta vez la televisión estaba de nuevo encendida, con las mismas interferencias que había visto cuando la había encendido con anterioridad y en la mesa donde había dejado desdoblado el primer papel que encontró, vió que se encontraba doblado de nuevo. En cuanto lo vió, atónito totalmente, corrió hacia él para abrirlo de nuevo y ver que decía. El mensaje que había tras abrirlo era el siguiente: “No cojas la llave que está justo detrás del televisor a  no ser que sea estrictamente necesario”. Se dió cuenta de que era el único sitio donde no había mirado de toda la habitación, y fue corriendo hacia detrás del televisor, y efectivamente, ahí se encontraba una llave, en la que Pedro pensó que podía ser la del mueble aquel. Por ello, la cogió y fue rápidamente al mueble y la metió en la cerradura, pero veía que no funcionaba, no podía abrirlo con ella después de unos segundos intentándolo. No era la llave del mueble.

Justo cuando sacó la llave de la cerradura del mueble, volvió a sonar la alarma del televisor durante otros diez segundos, y posteriormente, como había pasado en la ocasión anterior, volvió a sonar la voz de la mujer que decía: “está usted en 1904”, apareciendo en la pantalla, el número 1904.

Nada mas ver eso, Pedro salió corriendo hacia abajo muy asustado, solo quería salir del castillo, pasando por la puerta de vallas que estaba en medio de las escaleras, encontrándosela otra vez cerrada, para intentar salir de todo aquello. Aunque ya había probado antes salir y la puerta estaba cerrada, ésta vez lo intentó de nuevo y ahora sí que la puerta estaba abierta.

Cuando salió del castillo, solo vió granjas, terrenos y caminos de tierra, y solo había una tienda en el barrio. Pedro, al ver que en las zonas donde estaban las casas y las tiendas (incluyendo “La Cereza”), solo habían terrenos, corrió hacia donde él vivía, observando también, de que había otro terreno, y no había nada construído.

Muy asustado, fue hacia la única tienda que estaba por ahí cerca, en donde cercano a ella, habían algunas casas también, y era una tienda donde había un dependiente y una persona desayunando.

Pedro entró corriendo a la tienda y le preguntó desesperado al dependiente:        – ¡Por favor, dígame que día es hoy!

El dependiente sonrió un poco y le dijo: -¿qué día va a ser? ¿es que no lo sabe?

-¡Dígame que día es hoy, día mes y año!” – Volvió a decirle Pedro desesperadísimo.

-Es 6 de Octubre de 1904, ¿qué le pasa? – Le respondió el dependiente.

Pedro gritó: -¡¡¡¡No puede ser!!!!, ¡¡¡¡¿¿¿¿Se puede saber qué diablos está pasando aquí????!!!!

El dependiente se sorprendió un poco al ver la reacción de Pedro y le dijo:           – Cálmese, ¿necesita algún tipo de ayuda?

-¡¡¡¡Necesito que me diga que está pasando aquí, por qué estoy en 1904!!!!

El dependiente solo le comentó a Pedro volviéndole a preguntar: – Cálmese, ¿necesita ayuda?

El hombre que estaba desayunando se levantó, pagó la cuenta y se despidió del dependiente, diciéndole: -Nos vemos mañana Steve, que ésta noche tengo mucho que hacer.

-Muy bien Bernard, ya mañana me dices- Se despidió el dependiente.

Pedro al escuchar eso, se quedó pensando en el año en el que estaba y en el nombre de aquella persona.

A los pocos segundos de que Bernard saliera, Pedro le dijo al dependiente:           -Disculpe, ahora vuelvo” – y salió fuera para decirle a Bernard:

-Perdone…

-¿Sí?- Dijo Bernard.

-¿Qué tiene que hacer ésta noche? – Le preguntó Pedro

-¿Por qué lo pregunta? – respondió Bernard extrañado.

-Quería comprobar algo.

Bernard le respondió: -Tengo que ir al río a arreglar unos papeles en una reunión.

-¿Por casualidad se apellida usted Grant?

-Sí, ¿quién es usted? – Preguntó Bernard sorprendido.

Pedro se quedó pensando durante unos segundos y contestó: – solo un ciudadano que lo ha visto por aquí.

-Pues no le recuerdo de haberlo visto nunca por el barrio – Volvió a responder Bernard.

– Así que usted es el que inventó la tradición de la fiesta de la fruta – Le soltó Pedro.

Bernard, sorprendido, comentó: – ¿La fiesta de la fruta?, no sé que es.

-Hoy se creará, dice la historia – Pedro se daba cuenta de que había viajado al pasado, que aquel castillo tan misterioso, estaba haciendo que viajara en el tiempo al pasado, aunque seguía nervioso porque aún se preguntaba como volver al presente.

-No sé de qué me está hablando la verdad – Contestó Bernard.

-No se preocupe.

Bernard se despidió de Pedro diciéndole: -Bueno, ya nos veremos, que pases un buen día.

-Igualmente – Se despidió Pedro.

Pedro enseguida volvió a la tienda donde acababa de salir, y le dijo al dependiente: -Disculpe por el nerviosismo de antes, no sé que me pasó-

-No pasa nada, pero me pareció muy raro que no supieras el día en el que estabas.

-Cosas mías, soy así de raro – Dijo Pedro sonriendo, y concluyó diciendo:             -Bueno, he de irme ya, ya nos veremos.

-Venga, páselo bien, y compre un calendario, hasta pronto – Se despidió el dependiente.

-Lo intentaré- Dijo Pedro al salir bromeando.

Pedro puso rumbo hacia el castillo de nuevo, aunque mas calmado que antes, seguía nervioso y asustado, pero ésta vez se dirigió a él y entró a paso normal.

(continúa en el capítulo 4) 





El Castillo del Tiempo
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Borthen Inv

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