El Castillo del Tiempo – Capítulo 4 – La llave de la clave

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Volvió al castillo y cerró la puerta de él pero encontró justo delante de él, en la puerta, un periódico en el suelo. Pedro lo recogió y vió que era del día siguiente en el que estaba, del 7 de octubre de 1904. Eso le pareció muy extraño, pero lo hojeó un poco, hasta que llegó a la página de la sección del barrio, donde salía la siguiente noticia: “Se inaugura la fiesta de la fruta en Badili” . Continuó leyendo toda la noticia, y efectivamente, aparecía que había sido fundada por Bernard Grant, después de una reunión para resolver unas facturas con unos compañeros de trabajo. Con el periódico en la mano, se dirigió al piso de arriba, volviendo a subir las escaleras de siempre que daban hacia allí y también, volviendo a abrir la puerta vallada que siempre encontraba cerrada aunque él la dejase siempre abierta.

Al llegar otra vez al piso de arriba, todo seguía igual, con el televisor apagado, y quería  abrir el mueble como sea, aunque lo tuviese que romper, para poder ver por fin, que es lo que había dentro de él. Cogió la mesa e intentó dar un golpe a las puertas del mueble, pero al primer golpe, volvió a sonar la alarma de la televisión, y ya ahí Pedro, soltó la mesa rápidamente y se quedó mirando hacia la pantalla, pensando en que volvería a sonar la alarma durante aquellos veinte segundos y que la voz de la mujer que salía, lo trasladase a otra época.

Pero no ocurrió lo que creía que ocurriría después de que sonase la alarma, porque en cuanto dejó de sonar, la pantalla simplemente se apagó, y ya Pedro no sabía que significaba todo aquello. Cansado de esa situación, se sentó en el sofá de la habitación, notando nada mas sentarse, que había algo bajo la tela que lo forraba. Ahí inmediatamente se levantó y miró debajo, y encontró otra llave. Pensó que esa sí podía ser la del mueble, por lo que fue rápidamente a probarla, y efectivamente, funcionó en la cerradura y consiguió abrirlo.

Dentro del mueble sólo había un objeto, muy extraño, de forma hexagonal, con una pantalla rectangular de cristal líquido (como las de las calculadoras), y unos botones que no sabía para que funcionaban, excepto el de “On”, para encender ese aparato.

No tardó casi nada en pulsar el botón de encendido, y la pantalla rectangular del aparato le mostró un mensaje.

(continúa en el capítulo 5)





El Castillo del Tiempo
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Borthen Inv

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