El Castillo del Tiempo – Capítulo 7 (último) – Vuelta a casa

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Después de esos tres segundos, Ananda miró a Pedro y le dijo: – Está usted en el año 2000 – y justo después en la pantalla aparecía el número 2000.

-Gracias – Le dijo Pedro a Ananda.

Pedro fue hacia las escaleras para bajar hacia el primer piso y unos segundos después, justo antes de empezar a bajarlas, Pedro, girándose de nuevo hacia atrás, le preguntó a Ananda:

– Por cierto, eres de mil quinient… – Pedro cortó la frase al ver que Ananda ya no estaba allí. Había desaparecido de nuevo.

Perplejo, Pedro continuó bajando las escaleras, y por primera vez, vió la puerta de vallas abierta. Bajó al primer piso donde vió la misma mesa que había visto siempre, pero ésta vez, con otro papel doblado varias veces encima, por lo que la curiosidad hizo que fuera a abrirlo a ver qué decía y por supuesto que lo desdobló y el mensaje era el siguiente:

“Sal del castillo inmediatamente a no ser que sea estrictamente necesario”.

Pedro se puso algo nervioso al leer eso, y rápidamente salió del castillo cerrando su puerta y corrió hacia la tienda de Guillermo, para comprobar que había vuelto a esa época. Por el momento todo lo estaba viendo igual a como cuando se fue de su propio presente, hasta que a lo lejos, divisó el establecimiento de “La Cereza”, al que entró y por supuesto vió a Guillermo.

– Guillermo, menos mal que te veo, acabo de pasar por algo que no te creerías – Le dijo Pedro exaltado.

– ¿Qué te ha pasado?

– Hay un castillo a un kilómetro de aquí que dentro de él… – Pedro volvió a cortar la frase, y pensó que contando lo que le había ocurrido en él, le tacharían de loco, y prosiguió diciendo: -“Nada, un castillo que es muy raro por dentro”.

– ¿Acaso has visto un fantasma dentro? – Dijo Guillermo riéndose después.

Pedro también rió y dijo: -Olvídalo-  y continuó preguntándole:

-Por cierto Guillermo, ¿hace cuánto tiempo mas o menos estuve aquí?

Guillermo extrañado le dijo:

– No sé… una media hora quizás, mas o menos, ¿por qué lo preguntas?

– No nada, tonterías mías. Pues bueno, ya nos vemos a la noche para ir a la fiesta de la fruta.

– ¿La fiesta de qué? – Le preguntó Guillermo estupefacto pero sonriendo.

Pedro se sorprendió mucho, pero siguió diciéndole:

– La fiesta de hoy, la de siempre, de la que hablamos antes.

– Que dices, no hemos hablado de ninguna fiesta.

Pedro comenzó a preocuparse mucho.

-¿Pero cómo que no?, ¿y la tradición de todos los años?

Guillermo le contestó:

-Pedro, ¿estás bien?, no sé que es lo que me estás diciendo.

En ese momento Pedro no sabía que hacer, pero lo que sí sabía, era que no había vuelto al presente de siempre, sino a otro. Al parecer, no existía esa tradición en ese presente. En aquel momento también, la televisión de la tienda, estaba encendida, donde la gente vitoreaba a John Harvard, considerado un presidente brillante que había hecho que el país hubiese conseguido todo lo que tenía.

-Tengo que irme -, dijo Pedro justo antes de marcharse rápidamente de “La Cereza”.

Guillermo se quedó extrañadísimo al haber oído decir eso de Pedro y por su reacción al final.

Justo cuando se dirigía al castillo para buscar a Ananda, se encontró con Tobías a mitad de camino.

– ¡Pedro! ¿Dónde vas tan rápido?

– ¡Tobías!, ¿tu has viajado alguna vez en el tiempo?

Tobías comenzó a reírse y le respondió:

-¿Qué?

Pedro se quedó atónito mirando a Tobías unos segundos, y continuó Tobías diciendo:

-¿De qué me hablas?

En ese momento, Pedro sin mediar palabra, siguió corriendo hacia el castillo, el cual abrió y entró rápidamente hacia arriba. Ésta vez la puerta de vallas volvía a estar cerrada y con un cartel que decía: “Sal inmediatamente del castillo a no ser que sea estrictamente necesario”. 

Pedro no hizo caso y siguió hacia el piso de arriba, donde gritó:                               -¡Anandaaa!…¡Anandaaa!, pero nadie respondía ni aparecía. Encendió la televisión, pero ahora ni siquiera aparecían interferencias, solo se quedaba unos segundos sin imagen, hasta que de repente aparecieron imágenes del barrio de Badili en llamas. Comenzó un reportaje hablando sobre una invasión de un ejército que había destrozado e incendiado la ciudad, incluyendo su barrio.  En el reportaje veía imágenes de muchos de los de su barrio corriendo, incluyendo Guillermo  también corriendo, desesperado, sin saber a donde ir con “La Cereza” en llamas, y con las personas de su edificio, saliendo de él desesperadamente,  en donde también estaba Tobías.

Pedro no entendía que estaba ocurriendo, si eso estaba ocurriendo en ese instante o de cuando eran esas imágenes. Justo se apagó la pantalla en ese momento y desde dentro sonó la voz de Ananda:

-Está usted ahora en el presente del que se fue.

Pedro bajó corriendo hacia el piso de abajo para salir del castillo, encontrándose la puerta de vallas cerrada, pero ésta vez no podía abrirla. Alguien la había cerrado con llave y no podía bajar al segundo piso.

Volvió hacia atrás a la habitación de arriba, donde vió a Ananda enfrente del televisor mirando hacia donde estaba Pedro.

– Hubo un fallo en el traslado y no le pude llevar a su presente, pero no le dije nada porque pensé que allí estaría bien. Me sorprende que vuelva – Dijo Ananda mirándolo.

– Quería mi presente. En la tienda no sabían que era la fiesta de la fruta – Dijo nervioso Pedro.

– Le entiendo perfectamente, pero el presente del que se fue, es el que acaba de ver en la televisión.

– ¿Y en éste no pasaría eso?

– No, en éste todo el mundo vive bien – Contestó Ananda.

– ¿Y no se puede hacer algo para cambiar esa situación? – Volvió a decirle Pedro.

– La invasión es debida a unos árboles que se cogieron de otro país. Precisamente cuando Bernard creó la fiesta de la fruta, se plantó ese día unos cuántos árboles, que son los que están al lado del río, y eso ha hecho que el otro país lo reclame, porque se trasladaron sin permiso del otro país a éste.

– ¿Por qué en el presente al que me llevaste no existía esa fiesta? – Volvió a preguntar Pedro.

– Porque en aquel pasado, finalmente no la creó Bernard, ya que era una persona que le daba vueltas a muchas cosas, y al decirle aquel día en el pasado su apellido, se quedó pensando quién podías ser si no le había visto nunca, y anuló la reunión con sus amigos en cuanto los vió – Informó Ananda.

– ¿Me está diciendo que soy el que ha hecho que en el presente paralelo todo vaya bien? – Preguntó enajenado Pedro.

-Exactamente.

Pedro no sabía que decir en ese momento, para posteriormente decirle a Ananda:

– ¿Puedo volver al pasado al que fuí y así enseguida volver sin decirle nada a Bernard para que todo continúe igual pero sin que haya guerra?

– Aunque no le diga nada a Bernard, cualquier otro acontecimiento que ocurra, por muy pequeño que sea, puede cambiar totalmente el presente. Lo que podría hacer, es devolverlo al pasado al que ya fue sin salir de éste castillo, y luego al presente de nuevo, así sí volvería al mismo. La guerra posterior, solo se podría evitar con mas seguridad desde su presente – Le comentó ella.

– Bien, hágalo así – Concluyó Pedro.

Ananda encendió el televisor y volvió a 1904, en donde solo se mostró el número en la pantalla. Para luego, en cuatro segundos, volvió a mostrarse 1950, y posteriormente, el número 2000. Pedro se acababa de dar cuenta de que en su viaje a 1950 también pudo cambiar algunas cosas, y de hecho así era, porque en ese viaje, el cambio había sido que John Harvard hubiese podido formarse bien y ser un presidente de élite por algún detalle que cambió que se desconoce, en el viaje de Pedro a ese año.

Justo después que saliera el número 2000 en la pantalla, Ananda se giró hacia Pedro y le dijo: – Ahora sí está en su presente de siempre.

– Gracias, ahora ya me iré y espero no volver a entrar en éste castillo mas”- Se despidió Pedro mientras sonreía de Ananda .

– Llévese éste objeto, lo necesitará en el presente – Le dijo Ananda mientras le ofrecía el mismo objeto hexagonal con la pantalla de cristal líquido que había visto anteriormente.

– Pero por qué…?  – Pedro no acabó la frase porque Ananda lo interrumpió diciéndole:

– Sólo lléveselo, no haga preguntas.

Pedro salió lentamente de la habitación hacia abajo por las mismas escaleras de siempre. Veía que la puerta estaba ahora abierta desde donde estaba. Salió del castillo con el objeto hexagonal en la mano y se dirigía a “La Cereza”.

A mitad de camino, se miró en el bolsillo y por sorpresa encontró que tenía el periódico de 1904 dentro sin saber cómo llegó ahí, y en ese instante, vió a soldados del país invasor preparados para entrar en el barrio de Badili, con su líder, al que Pedro se le acercó y le dijo:

– Los árboles fueron trasladados por Bernard Grant, pero por una reunión por unas facturas de una empresa maderera en las que estaban confusas y decían que eran de aquí. Aquí tengo un periódico de esa época que lo dice. Sabiendo ésto el país, serán devueltos a ustedes . Pedro le mostró al líder del ejército el periódico que había encontrado en 1904, y al leerlo, ordenó a sus tropas el abandono del país, a la espera se la devolución.

– Muy bien, regresaremos a nuestro país, solo espero que no tarden mucho en devolvérnoslo

Pedro, alegre, siguió caminando hacia “La Cereza”.

Cuando entró en la tienda de su amigo, le dijo a Guillermo en cuanto lo vio:

-Guillermo, ¿qué hay que hacer hoy  por la noche?

Guillermo no sabía por qué le preguntaba eso, pero se lo tomó a broma y le respondió:

-Es la fiesta de la fruta, ¿es que no te acuerdas?

Pedro se alegró al escuchar eso, y justo antes de salir de la tienda sonriendo se despidió diciendo:

-En un rato vuelvo .

Pedro siguió corriendo hasta su edificio, tocó al segundo piso y para alegría de él, salió Tobías a recibirle.

-Qué pasa Pedro, ¿estás impaciente por la fiesta que ya vas hacia abajo? – le comentó Tobías bromeando.

Pedro solo sonreía, y sin decir nada, subió hasta su casa. Tobías solo lo miró perplejo, sonriendo, y se metió en su casa otra vez.

Una vez llegó a su casa, telefoneó a sus padres por el teléfono móvil, y pudo hablar con ellos, asegurándose de que estaban bien. Con ello ya se sentía contento. Era curioso, porque Pedro seguía en la situación actual justo antes de meterse por primera vez en el castillo, sin embargo, se sentía feliz en ese momento.

En aquel mismo instante, el aparato hexagonal que le había dado Ananda, el cual había dejado en su cama, hizo un sonido como si fuese un despertador de un reloj de pulsera. Nada mas escucharlo, Pedro fue a cogerlo y vió que en la pantalla de cristal líquido, salía el siguiente mensaje:

“Sé feliz y valora las cosas buenas que tienes en la vida a pesar de lo mal que pueda ir todo, porque eso, sí que es estrictamente necesario 🙂 “.




El Castillo del Tiempo
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Borthen Inv

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